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jueves, 24 de septiembre de 2009

Siuslaw National Forest. Lincoln City. Oregon


Cascada de Drift Creek Falls
Para visualizar el vídeo pincha sobre la imagen


Vista del Parque Nacional Forestal

El día en que Anna cumplía sus 31 años, la familia Michelson decidió salir a pasear por los senderos de uno de los legendarios espacios naturales de EE.UU., es decir, el "Siuslaw National Forest", en su parte de Linconl City (Oregon).

Puente que cruza un arroyo

La denominación de Parque Forestal de Siuslaw le viene dado por una de las tres tribus indígenas confederadas de los Coos, que habitaron el sudoeste de la costa pacífica, en Oregon.

Vista del bosque reforestado en los años 50

El parque tiene 630.000 hectáreas, en concreto el de Linconl City tiene 172.000 ha. con las siguientes especies forestales, de las que son difíciles su traducción, aunque predomina el abeto, el pino y el cedro rojo:

Douglas-Fir Sitka Spruce
Western Hemlock Red Alder
Western Red Cedar Big Leaf Maple


Setas

En cuanto a su vida salvaje o fauna, aquí vivien 26 especies de anfibios y reptiles; 235 de aves; más de 200 de peces y 69 especies de mamímeros, entre los que destacan el oso negro de Oregon, del que tenéis una foto abajo, pero que obviamente no es mías, si no sacada de la web del parque.


Anna, con un tronco de los viejos

Pues como os decía, aquí pasamos el día, en compañía de parte de la familia Michelson, caminando entre senderos. La mayoría del trayecto discurrió entre árboles reforestados a finales de los años 50, una vez que había sido deforestada a principios del siglo XX. De aquellos momentos quedan algunas de las huellas de la tala, como si de arqueología se tratase, pues hay muchos troncos por todos lados que no pudieron o no quisieron llevarse. También quedan algunos árboles de los viejos, que según un guardia forestal que nos cruzamos en el camino, tienen más de 300 años. La mayoría se encuentran en el río, y sirvieron en su día como apoyo para subir los troncos a la cima. También quizás, pretendieron salvar los márgenes del río, para evitar su erosión o vaya ustéd a saber.

Tronco de árbol con señales de haber sido cortado a mano


La Familia Michelson

En el discurrir de por los senderos, Stan, padre de Anna, nos dio toda una clase magistral de los tipos de árboles y madera que se puede obtener de ellos. De hecho él es constructor de casas de madera, un pequeño promotor, que se dedica a costruir y "restaurar" casas de este material. Fue sin duda, una grata experiencia para mí. Al margen de la madera, su nobleza, calidad y sensibilidad al tacto, también Mr. Michelson, nos habló de la fauna, la vegetación y la flora; que de una manera sostenible podía ser usada por la población (sobre todo la madera seca), previo pago de 6 dólares.


Viejo árbol talado


Vista del puente suspendido

A mí particularmente me llamaron la atención las setas de la zona, que se contaban a cientos en estos bosques tan húmedos y donde apenas sí entra la luz del sol. Unos animalillos, similares a nuestros "cienpies", parecen que son los que equilibran a estos bosques, al reciclar gran candidad de elementos nocivos para la salud de la zona.


Abuelo y nieto

Caminado, caminando, llegamos al puente suspendido de "Drift creek falls" o arroyo que cae, y que le da nombre a esta parte del parque. El puente fue construido por el ingeniero Scott Paul, y en él hay una placa que lo recuerda. Este puente es espectacular. Para aquellos que tenga vértigo no es recomendable, pues entre él y el río, donde se divisa una hermosa cascada, puede haber unos 30 metros de altura.

Abajo en el río

Cruzado el puente, donde baby Jacob se lo pasaba en grande, llegamos al rio y a la cascada, que hacía las veces de arco iris, en juego con los rayos del sol.

Baby Jacob con un gusanito


Enlaces de interés



Pulsa sobre la foto para acceder a un plano en detalle del Parque.



miércoles, 23 de septiembre de 2009

DE RUTA POR LA COSTA DEL PACÍFICO



DE SUR A NORTE POR LA COSTA DEL PACÍFICO DE LOS EE.UU.



Misión de San Luis Rey

Como si fuésemos uno de los personajes de Jack Keruac en su obra “En el camino”, Anna y yo decimos subir a Oregon, desde California, en coche de alquiler. Es decir, pensábamos cruzar dos de los tres estados que limitan con el Pacífico, si exceptuamos Washington, que ya nos lo “pateamos” en 2007.


Pues bien, lo primero que hicimos fue hacernos con el coche de alquiler en Poway (San Diego, California). Fuimos a la empresa Enterprise. El primer problema que nos pusieron era el del seguro del vehículo. No teníamos en EE.UU, por que había que pagarlo. De todas formas, el precio ha sido razonable, unos 500 $ por 20 días de trayecto con la condición de que lo devolviésemos a California. Un consejo si pensáis viajar por aquí: los precios son muy fluctuantes, y os aconsejo el regateo. Se ve que en tiempos de crisis las empresas se comen las unas a las otras.



Playa de Huntington

Y así fue como comenzamos nuestra aventura por la Costa del Pacífico estadounidense. El coche de alquiler es de gama media, un turismo para entendernos, de la marca Hyundai surcoreana, automático, que me costó tiempo hacerme a él. Así, de este modo, salimos de Poway el jueves de la semana pasada a eso de las 12 de la mañana. Cogimos la carretera 15 para desviarnos poco después hacia la 76, ya que yo quería ver la misión de San Luis Rey. De ahí, por la autopista de la costa 5. Nuestra segunda parada, para almorzar, fue en la playa de Huntington, al sur del famoso Long Beach. Posteriormente continuamos hasta Los Ángeles, donde nos detuvimos por un rato en su famoso barrio de Venice, tomamos café, no sin antes pagar el parking.


Surfistas en Venice. Los Ángeles

De allí a Santa Mónica, donde nos pilló un atasco de “narices” en dirección a Hollywood, para coger finalmente la carretera número 101, hasta hacer una nueva parada, en el crepúsculo del día, en Cliff Sea, para estirar las piernas y ver a los últimos surfistas recoger sus tablas.



Cliff Sea

Ya de noche, nos dirigimos hacia Santa Bárbara, un pueblo que me impresionó, y en el que quisimos hacer noche, pero los hoteles eran demasiado caros, al ser una zona de mucho turismo. Así las cosas, bajamos unos kms hasta Carpintería, donde nos alojamos en un motel de esos que salen en todas las películas americanas, y donde siempre, o casi siempre, hay un asesinado o una estancia breve en una larga fuga de amigos o enemigos. Se trata del Motel 6, siempre al lado de la carretera para recoger a cualquiera. El precio, no estoy seguro, pero creo que fueron 52 $ americanos. Barato, si se tiene en cuenta el resto de la zona.



Taxi en Los Ángeles

Al día siguiente desayunamos en Santa Bárbara, en el Roasting Company del mismo nombre de la ciudad. Después, tras una breve consulta a la prensa y a internet, nos dirigimos a la Misión de Santa Bárbara, la cual visitamos por más de tres horas. Pero esa es otra historia para otro día.



Misión de Santa Bárbara

Tras comer en un mexicano (tacos y soda), nos dirigimos hacia el norte siguiendo la misma carretera, es decir, la 101. En Gaviota, en un área de descanso echamos una pequeña siesta de 15 minutos y cambiamos aguas. De allí nos dirigimos hacia el interior, dejando el Parque Nacional Forestal de Los Padres a la derecha, y deambulando entre mieses y viñedos, para llegar a San Luis Opispo, todo ello siguiendo el Camino Real, es decir, el que siguieron los misioneros españoles cuando fundaron sus 21 misiones en California. En San Luis tomamos café en Borders, que es una tienda de libros, música, películas y demás, a la misma vez que cafetería.


"Borders"

De San Luis a Salinas siguiendo un árido valle nutrido de cereales, viñedos y ranchos californianos. Aquí cenamos, en la ciudad natal del escritor John Earnest Steinbeck, y que describe mejor que yo California. Dormimos a los pocos kilómetros en otro Motel 6, en Gilroy, que según algunos es el mayor productor de ajos del mundo. Eso no lo sé, pero sí es cierto que olía a ajo por todo el camino. Cerca de 60 $ nos costó la noche en una habitación que apestaba a tabaco, pero que tenía cafetera (aunque el café era muy malo) y el suelo enmoquetado.



Bar en Salinas

A la mañana siguiente, sin prisas, nos dirigimos por fin a San Francisco, ciudad entre las ciudades de los EE.UU. que hay que visitar antes de morir. Aquí pasamos casi dos días entre unas cosas y otras, pero las aventuras y desventuras las dejaremos para otro momento. Sigamos, pues, nuestra ruta hasta Oregon.



Casas victorianas de San Francisco

Después de nuestra estancia en San Francisco, y haber hecho noche en casa de un primo de Anna, Brian, cruzamos la bahía por el puente de Oakland dejando atrás unas inmejorables vistas de la ciudad, su centro financiero, la isla de Alcatráz y el puente en penumbras del Golden Gate, cogimos la carretera 80, que deja a un lado Berkeley, para subir hasta Vacaville.



San Fracisco al fondo

De Vacaville cogimos la 505 para enlazar finalmente con la número 5, que ya no dejaríamos hasta llegar a Oregon. La primera parada seria la tuvimos en Corning, una pequeña ciudad en el valle del Río Sacramento. Se trata, al igual que el resto de estos pueblos de valle, de una ciudad eminentemente agrícola y ganadera. El parar aquí no fue baladí, sino porque vimos numerosos olivos. Así fue como nos detuvimos en una tienda relacionada con el aceite y sus derivados. Se llama Olive hut.com. Compramos algunas olivas envasadas y seguimos nuestra ruta por el valle.


Interior de la tienda Olivehut.com

De aquí llegamos a la ciudad media de Redding. Echamos gasolina e intentamos comer algo por la zona, pero ningún restaurante nos llamó la atención. Así fue como seguimos la ruta y almorzamos en el propio coche de las viandas que llevábamos. De pronto el paisaje cambió, y lo que eran fértiles campos de cultivo, se convirtió en bosque cerrado y en una orografía ondulante. Pasamos el lago Shasta, declarado parque nacional, con la mirada siempre presente del monte del mismo nombre, que nevado aún, se erguía como centinela de sus bosques.



Monte Shasta

Pasado el Monte Shasta, el abrupto terreno se convirtió de nuevo en llanura hasta llegar a Yreka, famoso poblado por sus buscadores de oro y sus aborígenes, los Siskiyou. De ahí, pasamos la “frontera” hacia Oregon entre Hil y Colestin, para hacer un descanso en Roguer River, tras haber pasado la importante ciudad de Medfort.


Frontera de Oregon

Entre frondosos bosques de pinos y abetos conducimos del tirón hasta Eugene, donde cenamos en un Taco Bell. De allí, tras 10 horas de viaje, llegamos a Salem, la capital de Oregon. En ese momento Anna cogió el coche. Eran las 11,30 de la noche aproximadamente. Yo dormí hasta Otis, pueblo de los padres de Anna. Llegamos a las 1,00 de la mañana del domingo.



Llegada a Salem

Y así fue como recorrimos de sur a norte California y Oregon. En total, 1.279 millas y cerca de 20 horas conduciendo. El gasto de gasolina fue de 156,72 $.


Ah!!, se me olvidaba, que a nadie se le ocurra ir en EE.UU. a más de 110 km por hora. Los límites de velocidad son de 65 y 70 millas por hora, lo que equivale a 100 y 110 kilómetros por hora respectivamente. La policía se toma aquí su trabajo muy en serio.


lunes, 10 de septiembre de 2007

La Casa de los Michelson


La familia Michelson y yo.




Vista general de la casa de los Michelson. Otis.


La casa de los Michelson se encuentra en Otis, en el condado de Lincoln City, en la Costa de Oregon (USA), muy cerca de “Salmon River”. La parcela de los Michelson ocupa unos 2 acres, cuyos límites son el propio río, un bosque de pinos y abetos, y otros vecinos.


Vista parcial de la casa

Vista del garaje
A lo largo de la carretera se disponen las casas, que para nada están equidistantes, pues las distancias de unas a otras varían, aunque todas pretenden situarse a lo largo de la carretera o en parajes naturales de incalculable valor ecológico.


Vista del cobertizo


En la parcela de los Michelson podemos encontrar los siguientes edificios: la casa principal, que como casi todo aquí está construida de madera. Tiene dos plantas –ha sufrido varias reformas desde su origen-, la primera dedicada a cocina, baño, salón y otros menesteres domésticos; la segunda cuenta con 4 habitaciones bastante amplias, y dos baños. Toda la casa está rodeada de porche y en uno de los lados se sitúa el “yacuzzi”.


Anna y su hermana Emily entre caballos

Al lado existe un almacén-cochera, que hace también la función de oficina, pues allí tiene Stan y Kristy, el padre y la madrasta de Anna, todas sus herramientas y materiales para su negocio, es decir la rehabilitación y las reformas de casas de madera. Encima del garaje hay otra casa bastante amplia con porche al exterior. En ella pasamos nosotros varios días de nuestra estancia allí.


Anna en el garaje.
La parcela cuenta también con un cobertizo para su caballo, y otras dependencias menores. También hay un pequeño huerto que aprovisiona de productos frescos a la casa y una una amplia superficie para pasto del caballo, los cuatro gatos que viven allí, así como dos perros enormes.


Interior de la cocina de los Michelson

La tranquilidad, el sosiego, la paz, la comunión con la naturaleza y ese cierto aire de aislamiento y distancia con el mundo, son la tónica dominante en la casa de los Michelson.


Su barco

Allí pasamos parte de nuestras vacaciones, realizando distintas actividades, pero descansando sobre todo lo demás. Allí conocí a gran parte de la familia –hermanas, sobrinos, padres, cuñados, …-. Fueron varias veces las que coincidimos toda la familia o casi toda para comer al aire libre (las famosas barbacoas Michelson). Copiosas, muy copiosas son las comidas por estos lares.


Almorzando una gran chuletada

También cuentan los Michelson con una casa en la playa –aunque es de un amigo- en la localidad cercana de Neskowin. También es enorme y el Océano Pacífico está tan cerca que de noche sus olas parecen entrar en la casa. Tiene dos partes, una más antigua y otra más moderna con todas las necesidades básicas de vivienda cubiertas. Allí estuvimos nosotros por unos días también haciendo todo tipo de actividades desde aquí: senderismo, paseos por la playa, visitas a sitios cercanos, fuegos en la playa, comidas, barbacoas, algún deporte que otro, …


Casa de la playa en Neskowin

Un sitio verdaderamente encantador, rodeado de bosque por todos lados. De hecho es un lugar dedicado exclusivamente para las vacaciones de la gente de ciudad. El mar, la montaña, los deportes acuáticos, la pesca, los paseos en caballo por la playa, las cometas, el golf, … son algunas de las prácticas deportivas de esta zona. El único problema parecen ser los "tsunami", que proliferan por estas zonas, aunque las medidas de seguridad -evacuaciones, alarmas, ...- parecen ser buenas.


Jugando en la playa




Barbacoa en la casa de la playa

Vista de la playa desde la casa


Anna echando la siesta

Bueno, sólo puedo decir que los días que pasé con la familia Michelson fueron inolvidables y a ellos les debo mi gratitud por todo lo que hicieron por mí durante estos días en USA. Un especial abrazo quisiera mandarle a la madre biológica de Anna, Pamela, que se encuentra en Poulsbo (Washington).


Anna y su madre Pamela en Poulsbo

Gracias a todos por su paciencia y su hospitalidad conmigo.